La Coronación 3

coronación

Explora la profundidad teológica del quinto misterio glorioso según la edición crítico-histórica de Santo Rosario. Analizamos la secuencia de la Asunción y la Coronación de la Virgen como Reina Universal y su impacto en la iconografía cristiana. 

Comenzamos y terminamos con estas palabras textuales de la página 258 de Santo Rosario, edición crítico-histórica preparada por Pedro Rodríguez, Constantino Ánchel y Javier Sesé: 

 

“…la intrínseca relación entre los dos últimos misterios del Rosario: son dos aspectos de la consumación de la vida de la Virgen María, según el designio de Amor de la Trinidad. Así lo expresa el Concilio Vaticano II: “La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina Universal con el fin de que se asemejara de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte” 1 

 

“El misterio de la singular glorificación de Nuestra Señora tiene, pues, esta secuencia: Asunción al Cielo – Coronación como Reina. La Asunción arranca de la tierra, es un acontecimiento que se inicia en la historia y acaba en el Cielo. La Coronación, en cambio, es una realidad meta histórica, acontece toda en la Gloria de Dios. Esta es la diferencia teológica del 5to Glorioso con todos los demás misterios del Rosario. Lo vio muy bien fray Luis de Granada: “De este glorioso misterio -decía- no se puede señalar historia, por consistir en la grandeza de gloria que por sus inmensos trabajos y merecimientos le fue dada a la Madre de Dios y Señora nuestra la Virgen María. Porque si el apóstol San Pablo dice (1 Co 2,9) que no hay capacidad humana que pueda explicar la gloria que comúnmente da Dios a sus escogidos, ¿cuál será la que le dio a la que es más santa que todos los santos y espíritus angélicos, y Madre suya?”2. 

 

Desde la época patrística, la tradición de la fe y de la piedad nos habla de la Realeza de María en el contexto de su Dormición y Asunción, y por supuesto como donación de la Realeza de Cristo. Esta tradición ha configurado el sentir del Pueblo de Dios, que se expresa en la abundante y valiosa iconografía -pintura, escultura, etc – y, sobre todo, en el oracional de María Reina, tan difundido: Salve Regina; Regina caeli; Ave Regina caelorum. Todo llevará a la fiesta de Santa María Reina, que, como sabemos 3, Pio  XII extendió a la Iglesia universal.” 

 

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