La seguridad alimentaria requiere de un enfoque pluridimensional, que vaya desde la protección social para salvaguardar alimentos inocuos y nutritivos, especialmente para los niños, hasta la transformación de los sistemas alimentarios para lograr un mundo más inclusivo y sostenible
En los últimos años el problema global del hambre y la inseguridad alimentaria ha mostrado un aumento significante, y ha tenido como causa principal la pandemia, las guerras entre naciones, el cambio climático y la profundización de las desigualdades.
Tan solo en 2022, se estimaba que cerca de 735 millones de personas se encontraban en estado de hambre crónica, mientras que otros 2400 millones de personas se enfrentaban a la inseguridad alimentaria, lo que significaba que carecían de acceso a una alimentación suficiente y por consiguiente estos problemas traían consigo individuos menos productivos, más propensos a las enfermedades y a menudo imposibilitados para ganar más y mejorar sus medios de subsistencia.
Lamentablemente uno de los grupos más afectados por esta condición fueron los menores, ya que se estimó que cerca 148 millones de niños sufrieron retraso en el crecimiento debido a desnutrición, mientras que otros 45 millones de menores de 5 años sufrieron emaciación.
Entonces ¿Cómo podemos ofrecer una mejor alimentación a los grupos vulnerables?
De acuerdo con expertos, para lograr tener una red alimentaria sana y equitativa se requiere tener/crear un enfoque pluridimensional alimentario, el cual deberá prestarle atención a la protección social para salvaguardar alimentos inocuos y nutritivos, además de proponer una transformación de los sistemas alimentarios, con las intenciones de lograr un mundo más inclusivo y sostenible, de igual manera se deben realizar inversiones en zonas rurales, urbanas y en protección social, con las intenciones de que las personas más pobres logren tener acceso a los alimentos y puedan mejorar sus medios de subsistencia.
¿Y qué podemos hacer para cambiar este panorama y ayudar a quien más lo necesita?
Para cambiar este panorama de desnutrición severa y ayudar a los más necesitados, podemos optar por comprar nuestras despensas en mercados locales, es decir a los agricultores, además de elegir alimentos sostenibles, prevenir y erradicar el desperdicio de alimentos y exigir a las empresas y a los gobiernos que tomen las decisiones y los cambios que harán realidad el hambre cero, la cual está prevista para el 2030, sin embargo; es importante aclarar que para que esto suceda es imprescindible contar con soluciones políticas que aborden las desigualdades arraigadas, transformen los sistemas alimentarios, inviertan en prácticas agrícolas sostenibles y reduzcan y mitiguen el impacto de los conflictos y de la pandemia en la nutrición y en la seguridad alimentaria mundiales.
Mientras tanto y para mantener una alimentación saludable en comunidades vulnerables debemos tener en cuenta estos pasos: aumentar el consumo de alimentos locales, frescos y accesibles (frutas, verduras, leguminosas), priorizar productos de temporada y reducir alimentos ultraprocesados.



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