Redacción Carlos Villa
Cuando las personas llegamos a un lugar desconocido, no tardamos en hacerlo nuestro a través de nuestras prácticas habituales. Un espacio siempre será el reflejo, para bien y también para mal, de quienes lo habitan, de las personas que se apropian de los lugares para administrarlos, darles vida, y llamarles hogar.
Los espacios públicos hablan por sí solos de quienes los sostienen, una avenida llena de basura y desperdicio evidenciará el descuido del lugar producto de la mala coordinación entre los equipos de limpieza locales, pero también de los habitantes que tiran basura en la calle, no la separan correctamente o la dejan olvidada mientras llega el camión de la basura.
Por el contrario, una calle en buenas condiciones viales, libre de desechos circulando por las avenidas, señalamientos en buen estado y sitios adecuados para la separación de residuos en la vía pública reflejará que las autoridades a cargo se preocupan por un espacio habitable y las personas se hacen cargo de lo que les toca, cuidarlo.
Podemos verlo a través de muchas ópticas en mayor o menor magnitud, un hogar donde no hay comunicación entre sus integrantes y ello refleja que está deteriorado, una administración pública municipal que por diferencias políticas no se hace cargo de sus atribuciones, un espacio de trabajo que no propicia las condiciones para optimizar el rendimiento de sus colaboradores: los espacios públicos exponen sin palabras lo que no nos gusta admitir.
En eso reside la importancia de voltear a ver los lugares que los grupos de pertenencia tenemos en común, ya sea la colonia, el municipio o la empresa, como sitios donde se puede contribuir a forjar redes de apoyo, sistemas de cuidado y espacios seguros.
Este enfoque ha sido utilizado incluso como política pública, el poder se ha percatado como brindar espacios habitables para sus habitantes, que simultáneamente se convierte en su electorado, permite que el tejido social se fortalezca con acciones que integren a todos los colonos.
En nuestro país, en metrópolis de dinámicas sociales cambiantes como la capital de Jalisco, el gobierno municipal ha establecido acciones como “Guadalajara, la ciudad que te cuida” o espacios de corresponsabilidad donde gobernados y gobernantes hacen su parte para mantener el espacio público en condiciones.
Un sitio habitable favorece la cohesión de la sociedad, en un contexto de política donde la polarización, la división y la enemistad nos impide asumir nuestras responsabilidades, errores y a veces hasta empatía por quienes son los vecinos o compañeros de trabajo.
Si existe un parque donde se puedan encontrar niños para jugar, adultos mayores en su libre esparcimiento, madres y padres que mientras cuidan a sus hijos pueden leer, escuchar música, pausas activas o lo más básico como saludar “al que vive en frente” se hace comunidad, se fortalece el sentido de pertenencia y el mundo resulta menos ajeno a la individualidad.
Pero espacios públicos integradores que mantengan a las personas unidas e interesadas por cuidar el espacio donde viven implica de una sociedad con ganas de asumir que tienen tanto derechos como obligaciones, y a un gobierno que asigne la atención, el presupuesto y las condiciones necesarias para aplicarlo. La corresponsabilidad resulta indispensable para un mundo más unido.


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