La importancia de la terapia ocupacional para vivir con mayor autonomía

REDACCIÓN MARIANA NAVARRO

La terapia ocupacional es un área de la salud y la sociedad fundamental, cuyo propósito principal es otorgarles a los individuos una mejor calidad de vida y autonomía. La ocupación se utiliza como un método directo de rehabilitación, basado en una evaluación especializada y en la práctica de un plan de tratamiento estructurado.

¿Cuáles son los orígenes de la terapia ocupacional?

Todo empieza en el año 2600 en la antigua China, donde ya se empleaba la ocupación como terapia. Después, civilizaciones como la egipcia, griega y romana la utilizaron con diversos enfoques médicos. Tras desaparecer temporalmente en la Edad Media, resurgió en el Renacimiento con la creación del primer hospital psiquiátrico de Europa en Valencia, en 1409.

Se estableció para tratar trastornos mentales entre los siglos XVIII y XIX, observándose que la ocupación organizaba la vida de los pacientes y disminuía conductas inadecuadas. El reconocimiento profesional llegó tras la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde demostró la necesidad de reintegrar a los soldados heridos a su vida anterior.

Las áreas vitales

Actualmente, la o el terapeuta ocupacional utiliza la actividad con un fin terapéutico para prevenir la discapacidad, mantener la salud y rehabilitar la funcionalidad perdida. Su labor incluye áreas de autocuidado (vestido, higiene, alimentación), así como los ámbitos laboral, educativo, lúdico y de ocio, ante problemáticas físicas, cognitivas o sensoriales.

Además, examina las circunstancias contextuales que tienen un impacto en la participación diaria, como obstáculos arquitectónicos, accesibilidad o exclusión social. Esto lo hace para adaptar el ambiente y asegurar el máximo nivel de independencia posible.

¿A quién va dirigida la terapia ocupacional?

Abarca a cualquier persona con restricciones en su entorno o en situación de dependencia, desde la infancia hasta la tercera edad. En la infancia, se interviene cuando el menor no alcanza el desarrollo esperado para su edad. Cuando se le dificulta el juego, las tareas escolares o las relaciones sociales, el terapeuta estimula estas habilidades y guía a las familias.

En la edad adulta, la pérdida de autonomía suele derivar de:

Patologías neurodegenerativas: Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple y ELA.

Patologías neurológicas: Ictus, traumatismos craneoencefálicos y lesiones medulares.

Lesiones traumatológicas y reumáticas: Amputaciones, artritis y artrosis.

Trastornos psiquiátricos y discapacidades congénitas.

La disciplina también opera en ámbitos como prisiones, centros de adicciones y ortopedias. Finalmente, en la tercera edad, el terapeuta resulta indispensable para que las personas mayores se adapten a la pérdida gradual de facultades físicas y cognitivas.

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