Un mechón de esperanza: 53 pelucas, 23 sonrisas y una trenza que tardó dos años

Redacción Jesús Arizmendi Valdez

En el Roof Garden de la Fundación MAPFRE, sobre la transitada Avenida Revolución, este martes no solo había listones rosas. Había algo mucho más ruidoso y vivo: el traqueteo rítmico de las máquinas de coser, cortinas de cabello natural esparcidas sobre las mesas, mallas, resortes y, por encima de todo, una calidez que desafiaba la frialdad de los diagnósticos médicos.

Allí se llevó a cabo la jornada “Un mechón de esperanza”, un encuentro que demostró que la batalla contra el cáncer de mama también se libra devolviéndole la dignidad y la identidad al espejo.

La Fundación MAPFRE México, que este año celebra 51 años de historia, materializó su compromiso social a través de un proyecto que cumple dos años transformando vidas: el Taller de Pelucas Oncológicas. Mónica Aguirre Coronado, directora responsable de la fundación, lo explicó con una claridad institucional conmovedora: “Somos la socia mayoritaria de MAPFRE con el 70% de las acciones, y justo ese porcentaje se le regresa a la sociedad. Nuestro objetivo es que las beneficiadas vengan, otorgarles esa peluca para que recuperen su belleza y no piensen que por no tener cabello su vida se detiene. Buscamos empatía y que se sientan bien”.

En estos dos años, el taller ha logrado confeccionar 53 pelucas de manera artesanal. Durante esta jornada, 23 mujeres provenientes de FUCAM, Fundación COI A.C. y del IMSS subieron a la terraza para recibir, de mano de los voluntarios, un abrigo de seguridad para sus cabezas.

Dos semanas de artesanía y una herencia solidaria

Detrás de cada pieza entregada hay un trabajo minucioso e invisible. Natalia Rodríguez, estilista y maestra del taller con 13 años de experiencia, explica que confeccionar una sola peluca requiere dos semanas de labor ininterrumpida. “Inicié porque querían hacer pelucas; tuve que aprender sola buscando la técnica, ya que a nadie le enseñan a hacer esto”, relató. El proceso es estrictamente manual: trazar el patrón de la base, unir la malla y el resorte, tejer el cabello a máquina para formar las cortinas y, finalmente, aplicarlo con precisión quirúrgica sobre la estructura.

La inspiración original de este movimiento llegó gracias a Greta Levi, una voluntaria alemana que inició el programa en Venezuela tras observar cómo montaban cabello en un hospital, transformando una colecta desorganizada en salones de belleza durante una conferencia mundial, en un taller formalizado en México a través de una alianza con la organización Renovación AC, dirigida por Susana Bartneche, y la empresa Siger, que donó la maquinaria.

La trenza de plata que lo cambió todo

El instante más emotivo de la tarde congeló el Roof Garden. Susana Bartneche se colocó al frente de las pacientes y, con un gesto de desprendimiento absoluto, entregó una trenza canosa que se dejó crecer pacientemente durante dos años. Su motivo fue una revelación para los asistentes: “Hacen falta pelucas canosas. Una peluca oncológica canosa para una abuela. Fue el cambio de actitud, y no el de imagen, lo que me motivó a hacer más caritas canosas, para que una abuela también se reconozca en el espejo al mirarse”.

La jornada de salud no se limitó a la entrega estética. El bienestar se complementó con el taller “Luzca Bien, Siéntase Mejor” de CANIPEC y cuatro ponencias enfocadas en la contención emocional y la nutrición, donde especialistas como la Dra. Beatriz Dorsey Rivera (Fundación COI) y la nutrióloga Karen Macedo Ruiz (FUCAM) abordaron la reconstrucción integral de la vida tras el diagnóstico, bajo lemas como “El espíritu trasciende la enfermedad”.

Al caer la tarde, las máquinas de coser guardaron silencio, pero el ambiente se quedó impregnado de alivio. Se cumplió la meta trazada por el voluntariado: cosechar 23 sonrisas a través de 23 mechones de esperanza. El taller permanece abierto todo el año esperando donaciones de cabello (mínimo 30 centímetros, limpio y seco). Se reciben cabelleras de todos los colores, pero hoy, las manos artesanas esperan con especial ternura el cabello canoso, ese que les devuelve a las abuelas el derecho a reconocerse invencibles.

Fundación MAPFRE recibe donación de cabello durante todo el año. Se necesitan mínimo 30 cm de largo, limpio y seco. Incluso canoso. Sobre todo, canoso. Porque cada trenza se convierte, en dos semanas de trabajo artesanal, en una peluca que le devuelve a una mujer su belleza y su fuerza.

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