Redacción: Flor Díaz
Cada latido cuenta una historia. Para algunas personas, cuidar el corazón significa prevenir una enfermedad; para otras, significa aprender a vivir después de un diagnóstico, atravesar un tratamiento o acompañar a un familiar durante un proceso médico que puede cambiar su vida.
Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha impulsada por la Federación Mundial del Corazón para crear conciencia sobre la prevención, el control y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.
En México, el tema tiene una especial relevancia. De acuerdo con el INEGI, durante 2024 las enfermedades del corazón fueron la principal causa de muerte, con 192 mil 518 defunciones registradas.
Pero detrás de cada cifra existen personas que enfrentan diagnósticos, tratamientos y cambios en su vida cotidiana. Ahí también aparece la resiliencia.
Cuando el diagnóstico cambia la vida
Vivir con una enfermedad cardiovascular puede implicar mucho más que acudir a una consulta. Puede significar adaptarse a nuevos hábitos, someterse a procedimientos médicos, tomar medicamentos de manera constante o modificar actividades que antes formaban parte de la rutina.
En el caso de niñas y niños con cardiopatías congénitas, el proceso puede comenzar desde los primeros momentos de vida. Las familias pueden enfrentarse a la incertidumbre de un diagnóstico y a la necesidad de encontrar atención especializada.
Por eso, hablar de resiliencia no significa ignorar las dificultades de una enfermedad. Significa reconocer los procesos de adaptación y las redes que permiten a las personas continuar con sus vidas mientras reciben atención y acompañamiento.
Las OSC también acompañan esos procesos
Las organizaciones de la sociedad civil pueden convertirse en parte de esas redes de apoyo.
Un ejemplo es Fundación LiLo México, que trabaja con niñas y niños con cardiopatías congénitas y sus familias. La organización facilita el acceso a atención especializada y cuenta con programas de valoración médica, cirugías y cateterismos, apoyo para traslados y acompañamiento psicoemocional para las familias. Actualmente reporta más de 250 niñas y niños con acompañamiento médico integral y más de 150 personas cuidadoras con acompañamiento psicoemocional.
Su trabajo muestra que atender una cardiopatía no consiste únicamente en intervenir el corazón. También implica considerar a la familia y las circunstancias que pueden dificultar que un niño llegue a tiempo a un hospital o continúe con su tratamiento.
Otra organización es IKER Las Mejores Cosas Vienen del Corazón IAP, que brinda apoyo a niñas, niños y adolescentes con cardiopatías congénitas, particularmente en situaciones de vulnerabilidad económica.
Desde distintos modelos de atención, estas organizaciones contribuyen a que un diagnóstico no sea enfrentado de manera aislada.
Prevenir también es una forma de cuidar
La resiliencia puede comenzar incluso antes de que aparezca una enfermedad. La prevención y el control de los factores de riesgo son herramientas fundamentales para cuidar la salud cardiovascular.
La Federación Mundial del Corazón señala que una alimentación saludable, actividad física, evitar el tabaco y conocer los niveles de presión arterial, colesterol y glucosa son acciones importantes para reducir el riesgo cardiovascular.
También es importante recordar que no todos los factores de riesgo pueden modificarse. Los antecedentes familiares, por ejemplo, forman parte de aquellos que no podemos cambiar. Por eso, la prevención también implica conocer nuestro estado de salud y acudir a revisiones médicas.
Seguir latiendo
Hablar de corazón y resiliencia es hablar de prevención, pero también de las personas que enfrentan una enfermedad y encuentran formas de continuar.
En algunos casos, la resiliencia está en una niña que atraviesa una cirugía y vuelve a jugar. En otros, en una persona que después de un evento cardiovascular retoma poco a poco sus actividades cotidianas. También puede estar en una familia que aprende a acompañar un diagnóstico y a buscar las herramientas necesarias para continuar.
Las enfermedades cardiovasculares representan uno de los grandes desafíos de salud pública, pero la prevención, la atención oportuna y las redes de acompañamiento pueden hacer una diferencia.
Este Día Mundial del Corazón es también una oportunidad para recordar que cuidar el corazón no significa solamente evitar una enfermedad: significa crear las condiciones para que las personas puedan seguir viviendo, recuperándose y construyendo su vida después de un diagnóstico.
Y en ese camino, las organizaciones de la sociedad civil también tienen algo importante que aportar: acompañar para que nadie tenga que enfrentar solo aquello que puede cambiarle la vida.


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