Redacción Carlos Villa
Todos los días al exponerse a una ciudad tan compleja, dinámica y caótica como lo son la mayoría de las metrópolis mexicanas, adoptar un ritmo de vida sano y de bienestar integral se convierte en un privilegio que muy difícilmente se puede lograr.
Cuando hablamos de salud, no solo nos referimos a un cuerpo que no le duela nada, también a una mente que regule sus emociones y relaciones interpersonales que no dañen a los demás. Pero por supuesto, en medio de todo esto, también está el entorno en el que vivimos.
Y si de México se trata, debido a la aceleración de la industrialización, fábricas e inmensos parques o naves industriales que ya no solo se ubican en las ciudades capitales, también se asientan en pequeños municipios del país por su ubicación estratégica o espacio con el que cuentan, los retos para equilibrar mayor contaminación, generación de residuos, pero específicamente en el aire que respiramos cada vez son más complejos de superar.
Tan solo en las principales capitales del país como CDMX, Guadalajara y Monterrey, todos los días sus respectivos habitantes despiertan con una especie de capa de nata en sus cielos, producto de la contaminación generada por el transporte de carga, vehículos cotidianos y complejos industriales que generan humo por sus actividades lucrativas.
Pequeños municipios que se consideraban rurales o semiurbanos ya tampoco se quedan atrás, ejemplos como San Juan del Río, Celaya o Paraíso que no cuentan con una extensión geográfica tan grande ni demasiada población en los últimos años producto de las inversiones y la generación de empleos, sus pulmones han pagado el precio de que lleguen fábricas a localidades donde no las había, a costa de desarrollo económico.
Este 14 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Relajación, una actividad que con un estilo de vida tan rápido y acelerado como el que la mayoría de las personas lleva por sus actividades laborales o sociales, encontrar un momento de calma y paz se vuelve complejo, mucho menos hallar un instante para respirar aire sano.
Por eso, la crisis climática que se vive en todo el mundo obliga a las ciudades a replantear sus estrategias respecto a cómo hacerle frente a la mala calidad del aire que sus habitantes diariamente respiran, y que tanto a corto como largo plazo trae consecuencias en su esquema de salud.
Los retos ya no solo para mejorar, sino para contrarrestar los efectos de la calidad del aire generada por muchos factores de producción, está en implementar políticas públicas con un enfoque verde, que verdaderamente proteja al ambiente de una atmósfera sana.
Prácticas que van desde promover una cultura que no obligue a las personas a desplazarse de manera forzosa en automóvil, hasta regular el transporte de carga que circula exhalando cantidades de humo exorbitantes, el aire que se respira en la mayoría de las ciudades mexicanas acabará por afectar la salud de sus habitantes.


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