Redacción: Gabriel Martínez Navarrete
Comienza a manifestarse el criterio cuando sentimos que nuestro interés es cada vez mayor por los demás que por nosotros mismos. Madurez en lo espiritual, en lo familiar, en lo profesional y en las relaciones sociales.
La madurez va unida al criterio. La persona con criterio necesita preguntar y aprender de las personas, y sacar experiencia de las cosas y de los acontecimientos.
La capacidad de valoración y de juicio, aumenta en proporción a la profundidad de juicio de la persona y a la veracidad, seriedad y humildad con que afronta la vida.
Han perdido la capacidad de juicio: los que no escuchan a los que saben, los que se pierden en detalles, los que viven fuera de la realidad, los que no hacen nada, los que hacen demasiado perdiendo el tiempo en cosas que no son necesarias.
Los signos de quien posee un buen criterio siempre llevan el ingrediente de la veracidad. Las cualidades de su crítica es que ésta es constructiva, amable y oportuna. Es una crítica respetuosa que salva a las personas y a sus intenciones. Por la sencilla razón de que es necesario amar a los demás como uno se ama a sí mismo.
Los límites de la capacidad de criterio residen en la ley natural y la ley divina.
Existen diversos tipos de juicios:
- La crítica del fracasado: querría arrastrar a todos en su propio fracaso.
- La crítica irónica: mordaz, ligera, superficial; más se parece a una burla que a una crítica.
- La crítica del envidioso: es ridícula y vanidosa.
- La crítica del orgulloso y avasallador: es despiadada, formada con los peores ingredientes.
- La crítica del ambicioso: es desleal, porque tiende a iluminar su persona con menoscabo de los demás.
- La crítica del sectario: es apriorística, parcial e injusta y mentirosa.
- La crítica del ofendido: es amarga y punzante.
- La crítica de la persona que ama la verdad y tiene virtudes humanas: es positiva, ve en el otro sobre todo las virtudes y cualidades.
- La crítica del honrado: es constructiva.
- La crítica del amigo: es amable, positiva y oportuna.
- La crítica del cristiano que practica: es santificante.
La persona con criterio: respeta a la persona y sus intenciones; no juzga ni critica a quien no conoce.
Expresar un juicio, formular una crítica, supone el perfecto seguimiento en todos los aspectos: seriedad, rectitud, justicia, veracidad, etc. de lo que es objeto de atención.
El juicio del superficial: habla de lo que no conoce; se apropia de la crítica que ha oído decir a otros, sin tomarse la molestia de verificarlo. El juicio del ignorante: es siempre injusto y funesto.
El crítico con rectitud de intención: se expresa con caridad y el deseo del bien de los demás. Asegura a su crítica todas aquellas buenas cualidades, que deben decirse.
Defenderse de la crítica injusta y mala es virtud y hasta un deber. Pero también puede ser algo muy positivo no decir nada, porque la verdad se impone siempre. Aceptar la crítica buena, es prueba de sabiduría.
Saber-dejarse-decir las cosas: con alegría y con agradecimiento. El que aprende a escuchar y preguntar, llegará muy lejos con sus talentos. No olvidar que las cosas que hacemos mal: se pueden corregir y hacer mejor.
El que no hace nada: no recibe ninguna crítica. Es preciso no hacer caso al “que dirán”: sobre todo de la crítica envidiosa, superficial, etc.
El que hace algo es siempre criticado por los demás, aunque no por todos.


Deja un comentario