La última corrección del maestro: en memoria de Alejandro Merino Fuentes

REDACCIÓN: JESÚS ARIZMENDI VALDEZ Y JOSÉ ENRIQUE FLORES JUÁREZ  

Conoce la trayectoria y legado del periodista y catedrático Alejandro Merino Fuentes, quien dedicó décadas al periodismo y la formación de nuevas generaciones. 

El silencio ha tomado el aula, pero las reglas que en ella se inscribieron permanecen intactas en nuestra memoria. Ha partido el profesor Alejandro Merino Fuentes, un catedrático de una sola pieza, cuya vida fue una cátedra constante sobre el respeto a la palabra empeñada y a la palabra escrita. 

Hablar del maestro Merino es recordar que la excelencia no admite concesiones. Con él aprendimos que el aula era un templo de formalidad: cruzar la puerta antes que él no era un capricho, era el primer examen del día; la puntualidad, una norma inamovible.  

Su bitácora no conocía términos medios: las décimas se ganaban con rigor o se perdían con el más mínimo titubeo en la asistencia, el retraso o la caligrafía. 

Imposible olvidar aquella frase que resonaba con fuerza y cercanía cuando nos invitaba al frente: “Pásale, papá”, una sentencia que precedía al desafío de enfrentarse al gis y al pizarrón. Bajo su tutela, cada sesión iniciaba con el rito de “sacar una hoja”, dando paso a esos dictados milimétricos donde un acento ausente o un signo de puntuación mal colocado eran detectados por su mirada clínica.  

Fue bajo esa disciplina de acero donde muchos de nosotros sufrimos y sudamos tinta para aprender a trazar correctamente vocablos complejos; la palabra Cuauhtémoc se convirtió en nuestra mayor frontera ortográfica, un recordatorio perenne de que la perfección requiere esfuerzo. 

Hoy, gracias a su rigor, aprendimos a leer y a escribir de la mejor manera. El profesor Alejandro Merino Fuentes no solo corregía textos; forjaba caracteres mediante el orden y la lealtad a la verdad. Que su tinta nunca se borre y que encuentre el descanso eterno entre las letras perfectas del Creador. Descanse en paz, Maestro. 

Por: José Enrique Flores Juárez  

Alejandro Merino Fuentes: una vida dedicada al periodismo, la docencia y la formación de nuevas generaciones 

El periodista y catedrático mexicano construyó una trayectoria de décadas en medios de comunicación y universidades, convencido de que informar también implica una responsabilidad con la sociedad. 

Hay historias profesionales que se construyen a partir de decisiones inesperadas. La de Alejandro Merino Fuentes comenzó en Izúcar de Matamoros, Puebla, dentro de una familia de médicos, pero encontró su verdadero rumbo entre redacciones, cámaras, micrófonos y aulas universitarias. 

Él mismo se define como un mexicano extraordinario que ha dedicado su vida al periodismo de investigación y a la docencia, dos caminos que, con el paso de los años, terminaron por convertirse en una misma vocación: comunicar, formar y despertar en los jóvenes el interés por la cultura. 

De Izúcar de Matamoros al periodismo 

Merino Fuentes nació en Izúcar de Matamoros, en una familia de médicos en la que, según recuerda, se consideraba la “oveja negra”. Desde muy pequeño mostró una inclinación hacia las letras y la comunicación. 

A los seis años aprendió a leer y escribir y, a esa misma edad, publicó su primer escrito en la Cadena de los Soles, de José García Valseca. El texto surgió después de que el pequeño Alejandro enviara una carta para cuestionar por qué el periódico no contaba con espacios dedicados a los niños. 

Años después, durante la preparatoria, tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: dejó temporalmente sus estudios y comenzó a administrar el negocio familiar, una farmacia. 

Sin embargo, al observar el progreso profesional de sus amigos, comprendió que aquel no era el camino que quería seguir. 

Fue entonces cuando decidió perseguir su verdadero sueño: ser periodista 

Una formación marcada por la exigencia 

En 1975, cuando buscaba estudiar periodismo, existían tres opciones universitarias para hacerlo: la Universidad Autónoma de Veracruz, la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. 

La Universidad Autónoma de Veracruz quedó descartada y la UNAM no aceptó sus documentos, por lo que ingresó a la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, institución que, de acuerdo con su propio relato, se caracterizaba por un elevado nivel de exigencia. 

Su incorporación al mundo laboral ocurrió prácticamente desde el comienzo de su formación. Durante su primera semana de clases consiguió su primer trabajo como redactor de una revista mensual dedicada al transporte federal de carga. 

Ahí recorrió diferentes responsabilidades: comenzó como reportero y redactor, posteriormente fue jefe de redacción y finalmente llegó a ocupar el cargo de subdirector de la revista. 

La televisión y los grandes temas de su tiempo 

Al concluir su carrera, ingresó a Grupo Televisa como redactor del noticiario Hoy Mismo. Con el tiempo llegó a ser subjefe de redacción y estuvo a cargo de la redacción del noticiario. 

Posteriormente se incorporó como reportero investigador al programa de televisión Contrapunto, conducido por Jacobo Zabludovsky, donde llegó a ocupar la jefatura de redacción. 

El programa se distinguió por abordar temas que en aquel momento resultaban polémicos y poco frecuentes en la televisión mexicana. Entre ellos estuvieron el aborto, el lesbianismo, la eutanasia y la revisión crítica de figuras históricas como Hernán Cortés. 

Durante esa etapa también tuvo la oportunidad de entrevistar a distintas personalidades y recuerda particularmente haber realizado la última entrevista concedida por Mario Moreno “Cantinflas”. 

La trayectoria de Contrapunto también estuvo acompañada de reconocimientos. El programa obtuvo premios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Rey de España y el Premio Ondas, otorgado por la agencia de noticias EFE, que lo reconoció como el mejor programa cultural de la televisión mundial en 1988. 

Una carrera que continuó entre radio y televisión 

En 1988 nació ECO, Empresa de Comunicaciones Orbitales, un proyecto de comunicación que buscaba competir con la cadena CNN. Merino Fuentes se incorporó como jefe de redacción de los espacios informativos de dos de los conductores más importantes de aquel momento. 

Dos años después emigró al Canal 11, donde se desempeñó como coordinador de información de fin de semana, responsabilidad que combinó con la jefatura de redacción de noticias de TV UNAM 

En 1992 fue contratado por Grupo Radio Centro como coordinador de información y comenzó también su trayectoria como locutor de noticias. 

Posteriormente ocupó la coordinación de información de fin de semana del diario Hechos, participando en diferentes emisiones informativas junto a periodistas y conductores de aquella época. 

Su experiencia también incluyó la participación en la emisión y redacción de otros programas de noticias e investigación en televisión. 

El periodista que también eligió enseñar 

Pero la historia profesional de Alejandro Merino Fuentes no se limita a los medios de comunicación. 

A la par de su trayectoria periodística, desarrolló una carrera docente que, al momento de la entrevista, sumaba 39 años ininterrumpidos en distintas universidades. 

En las aulas encontró otra forma de ejercer su vocación: formar a las nuevas generaciones de comunicadores. 

Su preocupación central ha sido transmitir a los jóvenes no solamente las herramientas necesarias para ejercer el periodismo, sino también la conciencia sobre la responsabilidad que implica trabajar con los medios de comunicación. 

Para Merino Fuentes, los medios tienen una enorme repercusión en la sociedad. Por ello, considera indispensable que quienes producen contenidos se detengan a reflexionar sobre qué están aportando a la sociedad. 

El legado de enseñar a comunicar con responsabilidad 

La trayectoria de Alejandro Merino Fuentes permite observar dos caras de una misma profesión: la del periodista que durante décadas estuvo detrás de las noticias y la del profesor que decidió compartir lo aprendido con quienes comenzaban su propio camino. 

Desde aquella primera publicación que realizó siendo niño hasta las grandes redacciones de la televisión y la radio mexicana, su historia ha estado vinculada a una misma inquietud: comunicar. 

Pero su legado no se encuentra únicamente en los programas en los que participó, los reconocimientos obtenidos o los cargos que ocupó. También permanece en las generaciones de estudiantes a las que durante décadas transmitió su experiencia. 

Su mensaje resulta especialmente vigente en una época en la que cualquier persona puede convertirse en creadora de contenidos: comunicar implica responsabilidad, porque aquello que se publica puede tener consecuencias en la sociedad. 

Y quizá esa sea una de las mayores enseñanzas que deja su trayectoria: que el periodismo no termina cuando se apagan las cámaras o se cierra una redacción. También continúa en cada estudiante que aprende a preguntar, investigar, contrastar y comprender que detrás de cada información existe una responsabilidad. 

Para mi maestro Alejandro Merino Fuentes. 

Maestro; Hoy no se apaga una voz, se apaga un faro. Y los que fuimos sus alumnos, quedamos en la orilla, sabiendo navegar porque usted nos enseñó a leer las estrellas. 

Usted no nos dio clases, nos dio brújula. No nos dictó apuntes, nos sembró criterio. Fuimos tierra fértil sin saberlo, y usted fue el sembrador paciente. 

Hay hombres que pasan y hay hombres que dejan huella. Usted no dejó huella, Maestro, usted dejó camino. Un camino que ahora nos toca honrar, no con lágrimas, sino con la altura de nuestro trabajo. 

Como periodista, me enseñó que la palabra es un compromiso. Como maestro, me enseñó que el conocimiento sin humanidad es letra muerta. 

Gracias por no formarnos para aprobar, sino para no traicionarnos nunca. 

Descanse en paz, Maestro Alejandro Merino Fuentes. Su cátedra ha terminado, pero su eco queda en cada uno de nosotros. 

Su alumno que nunca lo olvidará, Jesús 

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