Redacción: José Enrique Flores Juárez
Detrás de cada puerta que se abre en Fundación Hogar Dulce Hogar existe una historia de dolor, pero también una oportunidad para comenzar de nuevo. La institución, ubicada en la Ciudad de México, brinda atención integral a niñas y niños que han sido víctimas de violencia, ofreciéndoles un entorno seguro donde pueden recuperar la estabilidad, la confianza y la esperanza.
Así lo explicó Mónica Cedillo, directora de Fundación Hogar Dulce Hogar, durante una entrevista para Somos Hermanos, en la que compartió la labor que realiza la organización y los retos que enfrenta diariamente para proteger a la infancia vulnerable.
“Hogar Dulce Hogar es una casa hogar que atiende a niñas y niños desde recién nacidos hasta los 12 años que han sido víctimas de violencia”, señaló Mónica Cedillo.
Los menores llegan a la institución a través del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), luego de que una denuncia detecta situaciones de violencia dentro de sus hogares. Mientras las autoridades determinan si los niños pueden regresar con sus familias, integrarse a una familia de acogida o ser candidatos a adopción, la fundación se convierte en su hogar temporal.
Un hogar que va más allá del techo y la comida
La directora explicó que la atención que reciben los menores es integral. La organización cubre alimentación, educación, atención médica, medicamentos, actividades recreativas y todos los gastos relacionados con su desarrollo.
“Nos volvemos sus principales figuras de apego. Los llevamos a la escuela, al médico, les damos sus medicamentos; literalmente nos convertimos en su hogar y en su referente más cercano”, afirmó.
Actualmente, la fundación atiende a 23 niñas y niños que viven de manera permanente en sus instalaciones mientras se define su situación familiar y jurídica.
Además de la atención a menores, Hogar Dulce Hogar desarrolla un programa de apoyo para mujeres víctimas de violencia. Aunque la organización no alberga a las madres, sí recibe temporalmente a sus hijos mientras ellas construyen condiciones que les permitan romper los ciclos de violencia y recuperar la estabilidad necesaria para la reunificación familiar.
Como parte de este proceso, las mujeres deben cumplir metas relacionadas con empleo, ahorro y atención psicológica, con el objetivo de garantizar un entorno más seguro para sus hijos.
Romper el ciclo de la violencia
Uno de los mayores desafíos, explicó Mónica Cedillo, es ayudar a los menores a desaprender patrones violentos que muchas veces han estado presentes desde sus primeros años de vida.
“Lo más complicado es enseñarles que las relaciones no deben construirse desde la violencia. Muchos niños han vivido agresiones desde antes de nacer y reproducen esos patrones porque es lo único que conocen”, comentó.
La directora señaló que el trabajo cotidiano busca ofrecer modelos de convivencia saludables, generar vínculos afectivos seguros y fortalecer habilidades emocionales que les permitan construir relaciones más sanas en el futuro.
A pesar de las dificultades, asegura que la mayor recompensa es ver el crecimiento de los niños.
“Es muy satisfactorio ver cómo avanzan. Algunos llegan siendo bebés y, cuando menos lo imaginas, los estás acompañando a su primer día de preescolar. Ver todo lo que aprenden y cómo se desarrollan es una de las mayores satisfacciones de este trabajo”, expresó.
Alianzas que multiplican el impacto social
La labor de Hogar Dulce Hogar es posible gracias a una amplia red de aliados y donantes.
Recientemente, representantes de la fundación participaron en un encuentro organizado por la Embajada de Estados Unidos en México, institución con la que mantienen una colaboración de varios años a través de campañas de útiles escolares.
Cada ciclo escolar, empleados de la embajada participan en una dinámica de apadrinamiento mediante la cual cubren listas completas de útiles, mochilas, ropa y calzado para los niños atendidos por la organización.
“Es una alianza que hemos construido durante muchos años y que nos ha permitido garantizar que los niños cuenten con todo lo necesario para continuar sus estudios”, destacó Mónica Cedillo.
La fundación también trabaja de la mano con instituciones como Nacional Monte de Piedad, Fundación Quiera y Fundación Compartamos, organizaciones que financian proyectos relacionados con educación, salud y nutrición.
Más de seis décadas al servicio de la infancia
De acuerdo con información de la propia institución, Fundación Hogar Dulce Hogar fue creada en 1967 con la misión de brindar protección integral a niñas y niños en situación de vulnerabilidad. A lo largo de más de cinco décadas ha desarrollado programas orientados al cuidado infantil, fortalecimiento familiar y prevención de la violencia. Su modelo de atención combina acompañamiento emocional, educación, salud y desarrollo integral para favorecer una reintegración familiar segura cuando las condiciones lo permiten.
La organización opera gracias a donativos de personas, empresas y fundaciones comprometidas con la protección de la infancia.
Un llamado a la solidaridad
Para Mónica Cedillo, el apoyo ciudadano sigue siendo fundamental para que organizaciones como Hogar Dulce Hogar puedan continuar su labor.
“Muchas veces las personas quieren ayudar y eso siempre es valioso, pero lo mejor es acercarse y preguntar cuáles son las necesidades reales de la institución. Eso permite que los recursos lleguen exactamente donde más se necesitan”, explicó.
La directora también invitó a la sociedad a involucrarse más activamente en las causas sociales y a reflexionar sobre la violencia que persiste en distintos ámbitos de la vida cotidiana.
“Cuando conoces de cerca estas realidades entiendes la importancia de generar espacios seguros para la infancia. Lo que buscamos es formar niñas y niños felices, conscientes y capaces de construir un futuro diferente”, concluyó.
En un país donde miles de menores enfrentan situaciones de violencia familiar cada año, la labor de organizaciones como Hogar Dulce Hogar demuestra que la protección de la infancia no depende únicamente de las instituciones públicas, sino también de la solidaridad de una sociedad dispuesta a ofrecer nuevas oportunidades a quienes más las necesitan.


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