Parece mentira que el tema que nos duele en estos momentos es el hecho de una guerra iniciada al principio de este mes. En otra parte del mundo personas como nosotros que hacen planes, ahorran para disfrutar unas buenas vacaciones o para mejorar algunas zonas de la casa o para poner remedio a una enfermedad de alguien que ya no puede esperar porque se agravará.
Periódicamente en la historia encontramos relatos auténticos donde unos pueblos agreden a otros para castigarles por los agravios que han cometido o para conseguir los bienes que ellos tienen y a los agresores les hacen falta.
Muchas veces no se alcanzan los objetivos y siempre las pérdidas son seguras y la mayoría que las sufre son inocentes. Algo peor que se siembra es el mal ejemplo, pues algunos con limitado criterio pueden pensar que el único modo de resolver asuntos graves es responder con una gran fuerza para dar un apabullante mensaje.
Como la mayoría de las personas tenemos problemas más o menos graves, pero no la responsabilidad de enfrentar represalias para grupos considerables. Pero si conviene que aprendamos de lecciones cotidianas y a nuestro alcance. Por ejemplo, todos hemos sido testigos de cómo se desvanece el enojo ante un agravio cuando el causante muy pronto rectifica, pide perdón con verdadero arrepentimiento y se esfuerza por cambiar. El bien vence al mal.
No divaguemos pensando que si fuéramos conductores de alguna empresa o tuviéramos que gobernar una población nunca llegaríamos a extremos agresivos. Lo que sí tenemos a nuestro alcance son cuidar las buenas relaciones en nuestro hogar, en nuestro trabajo y con nuestros vecinos y así cultivamos la paz y la tranquilidad. No causemos sufrimientos innecesarios.
Tenemos que convencernos que quien siembra paz recogerá paz. Quien siembra guerra recogerá guerra. Y eso se aprende desde pequeños. Aunque los resultados no sean inmediatos, llegarán.
Hay personas que son pacíficas de natural, pues a ellas es necesario impulsarlas a que aprendan a mostrar la tranquilidad interior que les causa ser así, para motivar a quienes tienden a ser agresivos a experimentar una mejora en su modo de ser, sobreponiéndose.
Y a quienes se sobrepongan y venzan su fuerte modo de reaccionar, aconsejarles que lo digan a otras personas, e incluso las acompañen para que no desistan en su propósito.
Son esfuerzos cotidianos que pueden forjar adultos auténticamente promotores de paz.


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