Violencia de género ¿Qué señales ignoramos en la infancia?

Hablar de prevención de la violencia de género suele enfocarse en la respuesta inmediata. Pero, para cambiar el futuro de las mujeres, debemos mirar hacia atrás: ¿Qué señales ignoramos en la infancia?

En Ayuda y Solidaridad con las Niñas, vemos a diario que casa hogar, como la nuestra, y los sistemas de cuidado alternativo no somos solo espacios de protección; somos, muchas veces, el reflejo de una cadena de fallas previas en la prevención.

  1. El mito de la orfandad

Existe una idea equivocada: que las niñas en casas hogar están ahí porque “no tienen familia”. La realidad es más cruda. Según datos de UNICEF, la gran mayoría de los niños y niñas en sistemas de cuidado institucional tienen al menos un familiar vivo.

En México, la separación familiar no ocurre por ausencia de lazos, sino por entornos que fallaron en protegerlas. La institucionalización es, frecuentemente, una medida de emergencia ante la violencia familiar, la negligencia y los sistemas de disciplina violenta que aún permean nuestra sociedad.

  1. El costo de la invisibilidad

Un problema crítico en nuestro país es la falta de un registro público unificado. No saber con exactitud cuántas niñas ingresan al sistema por violencia de género limita la capacidad del Estado y las instituciones de diseñar políticas preventivas.

Dato de impacto: En nuestra institución, el 59.7% de las niñas y adolescentes que recibimos llegan tras haber sobrevivido a situaciones de violencia o negligencia grave.

Esto nos dice algo fundamental: la institucionalización es una respuesta tardía. El daño ya ocurrió. El verdadero reto no es solo cómo proteger mejor dentro de una casa hogar, sino cómo evitar que las niñas tengan que llegar a ella por esta razón.

  1. La prevención: Una inversión en desarrollo social

La violencia familiar dejó de ser un “asunto privado”. Cuando los derechos de una niña son vulnerados, la responsabilidad es colectiva.

Para el sector empresarial y las personas tomadoras de decisión, la prevención no debe verse solo como una postura moral; es una inversión en desarrollo social. Las organizaciones que buscan contribuir dejando una huella social profunda tienen un rol clave a través de:

  • Políticas laborales con enfoque de cuidado:Facilitar que sus colaboradores cuenten con herramientas para construir entornos familiares sanos.
  • Inversión social estratégica:Apoyar programas que fortalezcan el tejido social y protejan a la infancia antes del colapso familiar.
  • Alianzas de impacto:Sumar recursos y experiencia con la sociedad civil para escalar modelos de protección efectiva.
  1. ¿A quién le toca romper la cadena?

La llegada de una niña a una casa hogar es el resultado de alertas que no se atendieron y responsabilidades que no se asumieron a tiempo. Para romper esta cadena, necesitamos una respuesta coordinada:

  • A las instituciones públicas:Les corresponde la detección temprana, la justicia y la generación de datos que permitan actuar antes de que la violencia escale
  • A las empresas:Les toca ser motores de cambio, promoviendo entornos laborales que valoren el cuidado y la seguridad de las familias de sus colaboradores
  • A la sociedad civil (como Ayuda y Solidaridad):Nos toca el acompañamiento especializado, la restitución de derechos y el diseño de modelos de cuidado que sanen historias de vida
  • A la sociedad en general (Tú):Aquí es donde nace el vínculo seguro. Nos toca ser esa mirada que no normaliza el maltrato, que denuncia y que se convierte en el puente hacia las autoridades. Ser esa persona adulta o comunidad en la que una niña sabe que puede confiar cuando su entorno inmediato falla

Conclusión

Proteger a una niña hoy en nuestra casa hogar es indispensable. Pero prevenir para que menos niñas tengan que llegar aquí, por una experiencia de violencia, es el verdadero desafío. Esto exige mirar la problemática desde sus raíces, fortalecer los sistemas de cuidado y asumir, como sociedad, instituciones y sector privado, un compromiso más temprano y sostenido.

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