Redacción Carlos Villa
Siempre que vamos con nuestro médico de cabecera ya sea por los años que tiene atendiéndonos, las recomendaciones sobre él que vienen de los vecinos, amistades y familiares o porque simplemente nos ha hecho sentir mejor, tenemos la certeza de acudir incondicionalmente con él porque hará lo correcto y velará por nuestra salud.
Un médico que piense lo contrario y que deliberadamente quiera afectar a sus pacientes, que los someta a un tratamiento perjudicial para ellos o que simplemente vea en un enfermo la posibilidad de alargar dolor para que sea más rentable, sin duda está faltando a uno de los juramentos hipocráticos y desde luego que no es ético.
Todas las profesiones manejan internamente un marco, un límite que rige sus acciones, recomendaciones de hasta qué punto se puede llegar. Un periodista no puede corromperse y alterar la verdad a cambio de un beneficio propio o un gobierno no puede otorgar licitaciones a constructoras afines a ellos en favor de alguna condonación de impuestos.
Desde la perspectiva de todas las profesiones, la ética de cada una de ellas está regida por el bien y el mal. Pero en el mundo de los profesionales de la salud, el no ejercicio de una profesión ética puede acabar con la vida de una persona. Todos los profesionales de experiencia alguna vez fueron universitarios que juraron no faltar a aquellos juramentos.
Como pacientes, en medio de la desesperación y la urgencia por aliviar el malestar de nuestro cuerpo a veces no reparamos en si se está haciendo lo correcto por atender la salud, pero en cada decisión que un doctor o doctora toma respecto a nuestro bienestar, la ética está presente.
Uno de los principios más conocidos de la ética en la medicina es que los médicos no deben atender a sus familiares, conocidos o parientes directos. No existe un marco legal que te lo impida, sin embargo, lo aprendido en la profesión te advierte que, en caso de no poder saciarles el dolor, profesional ni personalmente queda en tus manos.
También es sabida la práctica de los médicos en la que aminoran el dolor de un paciente lentamente o a través de procedimientos escalonados con la intención de obtener conforme avanza el tiempo de internamiento, mayor rentabilidad para el consultorio que está alojando al paciente, aunque éste bien pudo haberse curado desde un inicio de haberse suministrado el tratamiento específico.
Otro ejemplo de ética médica en la vida cotidiana es si de encontrar un donador compatible para uno de tus pacientes conocidos se trata. El uso de influencias, o atajos burocráticos para navegar con alguna ventaja frente a los demás pacientes en la lista de espera de órganos desde luego que evidencia una falta al juramento médico.
Y sin duda el tema de la muerte asistida o la decisión de un familiar para determinar cuál será el último esfuerzo para devolverle la vida a un paciente terminal es un debate que la medicina ética también se pregunta. ¿Por qué otro ser humano debe decidir cuando termina la vida para otro? La discusión en este tipo de posiciones delicadas hace que los profesionales de la salud se cuestionen su carrera.
En ejemplos más visibles a los tiempos que vivimos, el uso de IA durante una consulta también desencadena conversaciones sobre la ética en medicina. ¿Deben los profesionales de la salud pedirles a estos algoritmos que emitan un diagnóstico a un ser humano?
El debate entre el bien y el mal, las creencias personales y la moral están presentes en cada decisión de nuestras vidas, pero en las decisiones que toman los profesionales de la salud están en juego la salud de los pacientes, como en las de un ingeniero el que un edificio no colapse ante un sismo, o un periodista que silencie la verdad.


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