La amiloidosis hereditaria por transtiretina (ATTRv), también conocida como enfermedad de Andrade, es una enfermedad genética rara que afecta gravemente la calidad de vida de quienes la padecen.
Redacción: Edgar Samano
La amiloidosis hereditaria por transtiretina, conocida popularmente como enfermedad de Andrade, es una condición genética, rara y degenerativa que transforma radicalmente la vida de quienes la padecen. En México, el camino hacia el diagnóstico suele ser un calvario de años, donde los síntomas —que van desde la pérdida de sensibilidad en extremidades y dolores intensos hasta severos problemas gastrointestinales y cardíacos— se confunden con otras patologías. Para los pacientes y sus familias, el diagnóstico llega acompañado de una abrumadora incertidumbre médica y financiera.
Voces desde la adversidad
“Empecé perdiendo la sensibilidad en los pies. Los médicos me decían que era neuropatía diabética, pero yo no tengo diabetes”, relata Carlos, un paciente veracruzano de 44 años. La enfermedad de Andrade avanza sin tregua si no se interviene a tiempo. “Hubo meses en los que el dolor no me dejaba dormir y la debilidad me impidió seguir trabajando. Sentía que mi cuerpo se apagaba y nadie sabía decirme por qué”, comparte.
La falta de conocimiento sobre esta afección en el sistema de salud pública condena a muchos al aislamiento. Sin embargo, el panorama cambia drásticamente cuando los pacientes encuentran una red de apoyo fuera de los hospitales tradicionales.
El faro de las organizaciones civiles
Ante los vacíos institucionales, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en México se han convertido en el principal motor de esperanza para esta comunidad. Instituciones como la Fundación de Familias con Amiloidosis en México (FFAM) trabajan incansablemente para visibilizar el padecimiento, ofreciendo orientación médica, apoyo psicológico y asesoría legal para el acceso a tratamientos de alta especialidad.
“Llegar a la fundación fue un antes y un después”, afirma Elena, cuya hermana también padece la condición. “Nos ayudaron a conseguir las pruebas genéticas necesarias para confirmar el diagnóstico y nos enseñaron que no estábamos solas en esta lucha”. Estas asociaciones no solo gestionan medicamentos que de otro modo serían incosteables, sino que crean espacios de acompañamiento emocional donde los pacientes comparten experiencias y estrategias para mejorar su calidad de vida.
Un llamado a la empatía y la acción
El gran desafío para las OSC mexicanas sigue siendo la descentralización del conocimiento médico y el reconocimiento oficial de la enfermedad en todos los niveles del sector salud. Mientras tanto, el testimonio de los sobrevivientes y el cobijo de la sociedad civil organizada demuestran que, frente a una enfermedad huérfana, la solidaridad y el asociacionismo son las herramientas más poderosas para arrebatarle víctimas al olvido.



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