En la crisis actual, en la que casi todos se quejan de corrupción, existe otra crisis gigantesca a la que no se le da casi importancia. Afecta a muchas familias que pasan por una prueba de fuego, más dura y difícil que por la puedan pasar las organizaciones más flageladas del país.
Hay casos evidentes: el aumento de divorcios y de abortos son hechos que dañan directamente a la familia, célula y columna vertebral de la sociedad. Además, hay otros problemas humanos que también atacan a la institución familiar. El amor a la patria empieza por la familia.
Sabemos que el hogar es el lugar donde uno es esperado, comprendido y querido, pero algunos parecen no darse cuenta.
El problema de la vivienda ocupa gran parte de las actividades de la secretaría de desarrollo humano y ecología. Este problema a final de cuentas, se reduce a facilitar la vida de familia.
Hay que violentarse, para poder imaginar que en esas viviendas de “interés social”, caras y minúsculas, pueda vivir con dignidad una familia. ¿Cómo esas viviendas tan estrechas pueden contribuir al gozo con el cual deba ser esperado un nuevo hijo, si de antemano ya no hay lugar para él?
El problema escolar, en el cual una deficiente distribución de los fondos públicos, empaña el derecho a elegir centro educativo y, esto, angustia a las familias. Me refiero a la libertad de enseñanza que es, sobre todo, un derecho de los padres y de su prole, y no un problema exclusivamente del profesorado.
¿Por qué esa imposición de textos únicos y obligatorios en las escuelas estatales? Que sean gratuitos, se agradece; pero que sean únicos y obligatorios, representa una violación del derecho de los padres para educar a sus hijos conforme a las propias convicciones familiares.
La intensificación aguda de los problemas de trabajo y seguridad, provoca que innumerables hogares vivan en la zozobra, por no enfrentarse a una situación en la que no hay los medios imprescindibles para llevar una vida genuinamente humana. En concreto, me refiero a la situación de miseria material en la que viven muchos. La familia es el espejo de la sociedad y es más sagrada que el Estado.
Muchos espectáculos y publicaciones no son sólo un problema de “mal gusto”, sino agobio para innumerables padres de familia que luchan por formar a sus hijos en hombres de bien, es decir, personas de criterio que sepan adaptarse a la realidad y trabajar en labores conforme a la dignidad humana y divertirse sanamente.
El aumento de drogadictos, el alcoholismo, la delincuencia y la corrupción de personas que llevan cargos de responsabilidad, son, de algún modo, manifestación de que las cosas en la familia van mal.
Es difícil –casi imposible- gobernar honestamente una empresa pública o privada, si antes no se viven los deberes y se ejercitan los derechos de la propia familia: si antes no se es buen marido o esposa, padre o madre, hija o hijo; si falta autodominio.
Aquellos que tienen influencia en la sociedad pueden -y deben- proteger y ayudar a la familia, respetando y haciendo que se respeten los valores humanos.
“La familia, fundada sobre el matrimonio contraído libremente, uno e indisoluble, es y ha de ser considerada como el núcleo primario y natural de la sociedad” (Juan XXIII, Pacem in Terris, 11-IV-1963).
El amor a la patria empieza en la familia. Sabemos que el hogar es el lugar donde uno es esperado, comprendido y querido. Una familia feliz, es un paraíso anticipado.
El gobierno necesita poner en primer lugar la renovación familiar, si desea que la gente confíe en los que gobiernan.


Deja un comentario