Vocación al amor

Vocación significa llamada. Esta palabra, producto de la actividad humana para conectar con sus semejantes, proviene de un vocablo más primitivo, pero también con un sentido de comunicar con otro u otros. Ese vocablo es vocare y traducido a nuestro idioma significa llamada. Llamar es un deseo de conectar con otra persona para decirle algo o para gozar de su compañía.

Y ahora esta palabra nos recuerda que estamos llamados al amor. Pero al amor auténtico no al pseudo amor que se identifica con el egocentrismo de exigir a los demás que nos quieran, que nos atiendan, que giren alrededor de nuestros gustos, nuestros estados de ánimo, de nuestras necesidades, en definitiva, eso es un sentimiento ego céntrico.

El amor al que estamos llamados es un amor a la altura de la riqueza humana, de una riqueza que no es egoísta sino compartida, no es idealista sino realista porque toma en cuenta los modos de ser y los modos de necesitar, no es indiferente para tratar de evadir el sufrimiento, no es estática para detener ese sentimiento en un momento ideal, no es semejante a tantos engaños…

El amor sí es un permanecer alerta a las necesidades de los demás: con orden, primero los más cercanos, con quienes hemos hecho algún pacto o promesa, o con quienes no hemos elegido, pero coincidimos por razones de trabajo, de ser del mismo pueblo o de la misma colonia, o por tener relaciones con las mismas instituciones: escuelas, iglesias, centros comerciales, …

Son distintos tipos de amor, pero son amor. Eso evita desprecios, antipatías, indiferencias, o actuaciones peores como despojos, agresiones físicas o morales, tampoco caben actitudes más graves como pueden ser robos, calumnias que los priven de la libertad y peor sería atentar contra la dignidad física o lo más extremo quitarles la vida. Nos cobran factura esas heridas.

¿Por qué nos cobran factura? Porque no practicamos siempre el amor. La vocación incluye todo nuestro ser y todas nuestras relaciones. Es verdad que hemos de adquirir el criterio para dar el amor adecuado a las personas según el parentesco, la cercanía o los compromisos. Esto requiere criterio y formación para no desfigurar el amor por inmadurez.

Modelos que nos guíen siempre encontraremos, pero también hay modelos sobrenaturales que todos podemos gozar. Por ejemplo, la advocación de María Santísima Madre del Amor Hermoso. Maestra de amor en el día a día con alegría o dolores. Sólo Ella consuela en circunstancias extremas que nos duelen o nos alegran.

Un ejemplo palpable es la de una mujer que perdió a seres queridos en el accidente ferroviario de España, y en la Misa de funeral con todo el dolor de su alma es capaz de desear para todos la serenidad y calma en el tremendo sufrimiento. Reza por todos vivos y difuntos. No hay venganza ni odio, pero sí la intención de poner remedio a lo que pudo ser descuido. Ese también es Amor, verdadero, con Mayúscula.

Tags:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *