El valor de la medicina comunitaria medido en un viaje milenario

Redacción Carlos Villa

La tecnología llegó a nuestras vidas para hacerlas más fáciles, desde la creación de la rueda en el mundo antiguo hasta ahora con la IA, la tecnología ha beneficiado a muchos campos de estudio, la medicina no se quedó atrás.

Gracias a los avances en el desarrollo científico, la medicina ha puesto en marcha procedimientos eficaces, rápidos y modernos, descubierto nuevas formas de curar enfermedades, generar vacunas para mitigar virus o crear farmacéuticos cada vez más potentes y rápidos que combatan el dolor.

Sin embargo, las raíces de los fármacos y las patentes que se usan en los hospitales son comercializados en todas las farmacias y hasta tienen sus campañas publicitarias encuentran sus raíces en lo natural, en el ambiente, donde muchas veces se valora más la medicina académica frente a los conocimientos comunitarios.

Antes de que la medicina tomara forma en las aulas, los hospitales y las prestigiosas escuelas en ciencias de la salud alrededor del mundo, el acto de curar y no hacer daño era tan noble e instintivo que la medicina comunitaria a través de las parteras, curanderos y la elaboración de remedios caseros a base de ingredientes extraídos de la naturaleza mantenían a la población sana de cualquier malestar.

Así es como fue tomando forma y funcionó durante mucho tiempo la salud comunitaria, con el crecimiento de las ciudades y a consecuencia, de la sobrepoblación, las sociedades se dieron cuenta que había de dar un gran paso para curar con mayor rapidez y precisión a las personas.

Con años de estudio, observación y experiencia de las comunidades ancestrales y los conocimientos transmitidos de generación en generación dieron lugar los fármacos, un poderoso y diminuto medicamente que contiene una combinación de químicos e ingredientes activos para curar cualquier malestar.

Hoy todos conocemos un paracetamol, un ibuprofeno, la clindamicina o la penicilina, farmacéuticos nombrados así tras procesos de organización química y científica sumamente técnicos. Dichas medicinas han sido eficaces en momentos importantes del mundo, durante las guerras, a punto de morir en la cama de un hospital o simplemente cuando no nos sentimos bien.

En los últimos años, con la aceleración a la que viajan los nuevos descubrimientos científicos en las ciencias de la salud, surgen nuevas especializaciones en las cuales los médicos pueden explorar nuevos frentes, se desarrollan más herramientas para combatir mejor las enfermedades, cada día hay algo nuevo.

Con una infraestructura tan robusta para ejercer como profesional de la salud, imaginar que las raíces de la medicina se encuentran en el campo o en la naturaleza con la salud comunitaria muchas veces se mira a años luz de distancia, a veces con cierto desprecio y hasta discriminación hacia los saberes ancestrales.

Sin embargo, valorar el hecho de que un farmacéutico, un medicamento, jarabe o medicina tuvo sus orígenes en la comprensión de los ingredientes naturales que las personas de comunidades locales identificaron hace miles de años, permite que aprendamos acerca de la cultura y la visión de los pueblos frente a la de grandes industrias.

Valorar los aprendizajes comunitarios, el conocimiento transmitido a través de los años, la palabra y la narración permite ampliar nuestro marco cultural para entender mejor de donde proviene algo tan simple como una pequeña pastilla.

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