Fraternidad sin Fronteras I.A.P.: atención integral a personas con discapacidad intelectual en situación de abandono. Desde 1993, esta institución ubicada en la Ciudad de México ofrece un hogar digno donde la inclusión, la salud y la esperanza vencen al abandono.
Para una persona con discapacidad intelectual, el abandono no solo significa la pérdida de un hogar, sino también la vulneración de derechos fundamentales como la salud, la protección y la inclusión. Desde hace más de tres décadas, la Fundación Fraternidad sin Fronteras I.A.P. trabaja para cambiar esta realidad, ofreciendo un espacio donde la dignidad, el cuidado y la esperanza forman parte de la vida cotidiana.
Ubicada en la Ciudad de México, Fraternidad sin Fronteras nació en 1993 como respuesta a una realidad que pocas personas querían mirar: decenas de personas con discapacidad intelectual vivían en condiciones de abandono extremo, sin acceso a alimentación, atención médica ni un lugar seguro donde vivir. Un año después, en 1994, la institución se constituyó legalmente como Institución de Asistencia Privada (I.A.P.), iniciando una labor que continúa transformando vidas hasta la actualidad.
La organización tiene como misión ofrecer condiciones de vida digna a personas con discapacidad intelectual que fueron abandonadas, promoviendo un modelo de atención basado en el respeto a los derechos humanos y alineado con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas
Un hogar más allá del refugio
Fraternidad sin Fronteras no funciona únicamente como un albergue. Su modelo de atención busca que cada persona pueda desarrollar al máximo sus capacidades y ejercer plenamente sus derechos.
Para lograrlo, la institución trabaja mediante tres programas fundamentales: Albergue, que garantiza vivienda, alimentación, vestido y transporte; Cuidado de la Salud, que incluye atención médica, neuropsiquiátrica, rehabilitación física, enfermería y nutrición; e Inclusión Social, orientado al desarrollo personal mediante actividades educativas, talleres ocupacionales, capacitación laboral y participación comunitaria.
Este enfoque integral permite que las personas residentes no solo reciban atención básica, sino que construyan un proyecto de vida con mayores oportunidades de autonomía e integración.
Una historia que comenzó con un acto de solidaridad
La historia de Fraternidad sin Fronteras inició cuando sus fundadoras, Graciela Sodi y Yolanda Vincourt de Salles, encontraron a un grupo de personas viviendo en condiciones inhumanas en un predio de la Ciudad de México.
Lejos de ignorar la situación, decidieron asumir el compromiso de acompañarlas. Con recursos limitados comenzaron a buscar instituciones que pudieran recibirlas; sin embargo, la falta de espacios especializados las llevó a crear una organización propia.
Durante sus primeros años operaron en casas prestadas hasta que, en 1997, recibieron un terreno en comodato donde posteriormente construyeron un hogar diseñado especialmente para atender las necesidades de personas con discapacidad intelectual. Desde entonces, la institución ha evolucionado hacia un modelo centrado en la dignidad, la inclusión y el reconocimiento de los derechos humanos.
Atención integral con enfoque de derechos
Actualmente, Fraternidad sin Fronteras brinda atención permanente a más de 60 personas con discapacidad intelectual que fueron abandonadas. Además, cuenta con un equipo multidisciplinario de colaboradores y una amplia red de voluntariado que participa en actividades recreativas, educativas y de acompañamiento.
La organización también desarrolla acciones para sensibilizar a la sociedad sobre la realidad que enfrentan las personas con discapacidad intelectual en situación de abandono, promoviendo una cultura del cuidado, la inclusión y la corresponsabilidad social.
Su trabajo ha sido reconocido por diversas instituciones nacionales gracias a sus altos estándares de transparencia, institucionalidad y compromiso con la atención de poblaciones en situación de vulnerabilidad.
Una invitación a construir una sociedad más incluyente
Fraternidad sin Fronteras recuerda que la discapacidad nunca debe ser motivo de exclusión y que el abandono no puede convertirse en una condena permanente.
Cada persona tiene derecho a vivir con dignidad, recibir atención integral y participar plenamente en la comunidad. Alcanzar ese objetivo requiere la participación de instituciones, empresas, voluntarios y ciudadanos comprometidos con una sociedad más humana e incluyente.
A través de donativos, voluntariado y acciones de sensibilización, cualquier persona puede contribuir para que quienes viven en Frater encuentren no solo un techo, sino también oportunidades para desarrollarse y ejercer plenamente sus derechos.
Porque construir una sociedad más justa también significa garantizar que nadie quede atrás, especialmente quienes más necesitan del acompañamiento y la solidaridad.


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