La primavera, que inició el 20 de marzo de 2026, es símbolo de renovación, esperanza y confianza. Esta estación inspira a las personas a retomar proyectos con vigor, aprender de experiencias pasadas y fortalecer las relaciones humanas.
La primavera es la primera estación de cada año. Trae consigo nuevos brotes en los árboles, gran vigor en el reino animal y en las personas también un sentido de renovación con un trasfondo optimista para recomenzar lo emprendido o para adoptar innovaciones que prometan adelantos y sobre todo mejorar en las relaciones humanas.
Todas las personas experimentan ese ambiente y el modo de aprovechar la nueva oportunidad que se nos brinda ha de llevarnos a llegar al final con propósitos de acometer nuestras actividades con empeño, confianza y esperanza.
Con empeño porque estamos convencidos que lo perseguido traerá mejoras en muchos aspectos. En ese plan recogemos la experiencia vivida y bien analizada, y por eso, podemos afirmar que contamos con las dificultades, pero también con el mejor modo de afrontarlas y dando tiempo a la maduración de los resultados pues surgen a su tiempo. Ni antes ni después.
Este año 2026 la primavera inició el 20 de marzo, está recién estrenada y hemos de vivirla con la confianza puesta en el propósito de buen inicio y de continuar. Nuevamente sabemos los antecedentes vividos y la rica experiencia adquirida. Habrá dificultades, el pasado nos las recuerda, pero aprovecharemos el tiempo.
Y tanto el empeño y la confianza darán resultados porque nos acompaña la esperanza. Esa sí es una condición indispensable y necesita mantenerse presente para surtir efecto. La esperanza que nos anima no es una ilusión ni un optimismo al margen de la realidad.
Por nuestra parte la esperanza ha de apoyarse en la propia experiencia de que todo lo vivido nos hace crecer. Todo. Tanto lo que no resulta nos hace crecer, porque al analizarlo concienzudamente, hemos aprendido muchísimo y podemos explicar el fallo. Lo mismo lo que ha funcionado sabemos con certeza que sí funciona. Así se practica la esperanza y así ella nos impulsa.
Las buenas personas practican la esperanza y la recomiendan. Por eso veremos algunos consejos de los Pontífices de la Iglesia católica sobre esta virtud o sobre cómo impulsarla, aunque rodeen condiciones alarmantes
Pío XII: La primavera es “tiempo de renovación, de expectativa confiada y de esperanza”. En su discurso a los jóvenes de Acción Católica el 19 de marzo de 1958, el Pontífice exhortó a las nuevas generaciones a ver, tras la oscuridad de la Segunda Guerra Mundial, destellos de esperanza “incluso en medio de tanta tristeza y miseria”.
“El cristianismo”, afirmó el Papa Juan XXIII en su mensaje radiofónico del 28 de marzo de 1959, “no es ese conjunto complejo de factores opresivos con el que fantasean quienes carecen de fe, sino que es paz, es alegría, es amor, es vida que se renueva constantemente, como el pulso secreto de la naturaleza al comienzo de la primavera”.
“El cristianismo”, enfatizó Pablo VI durante la audiencia general del 2 de julio de 1969, “es como un árbol, siempre en primavera, que da nuevas flores, nuevos frutos; es un concepto dinámico, es una vitalidad inagotable, es una belleza”.
Juan Pablo II: Cuando pensamos en la juventud, nos viene a la mente la primavera. La primavera es la época en que la naturaleza resurge tras la “muerte” del invierno. La solemnidad de la Pascua, que nos recuerda la resurrección de Cristo, coincide con la primavera cada año.
Benedicto XVI, en su mensaje Urbi et Orbi para la Pascua de 2011, recuerda que “una luz diferente” ha rasgado “la oscuridad de la muerte y ha traído el esplendor de Dios al mundo”.
El Papa Francisco, en la audiencia general del 23 de agosto de 2017: Para los cristianos, en el horizonte de la humanidad, “hay un sol que brilla para siempre”.
El Papa León XIV, durante la Santa Misa en Tor Vergata el 3 de agosto de 2025, enfatizó que, incluso durante los meses más fríos, existe una energía que “vibra bajo la tierra”.



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