En un contexto donde la discapacidad motriz continúa entrelazada con brechas profundas de desigualdad, la Fundación Bertha O. de Osete IAP ha logrado articular, desde 1996, una respuesta que trasciende la asistencia convencional para convertirse en un ejercicio tangible de justicia social.
Su origen no es casual: nace de la urgencia de atender a un sector históricamente marginado del acceso a dispositivos de movilidad dignos, funcionales y económicamente viables.
Sin embargo, reducir su labor a la fabricación de aparatos sería una simplificación insuficiente. La Fundación ha desarrollado un modelo de intervención que conjuga ingeniería, sensibilidad social y autonomía económica. En sus talleres —con una capacidad instalada de 1,600 metros cuadrados— no solo se diseñan y producen 22 modelos distintos de dispositivos auxiliares; se construyen, en paralelo, procesos de resignificación personal para quienes participan en ellos.
Uno de los rasgos más significativos de su operación radica en su política de inclusión laboral: actualmente, personas con discapacidad ocupan el 50% de los puestos en la línea de producción. Esta decisión no responde a una lógica asistencialista, sino a una convicción estructural: quienes han experimentado las limitaciones del entorno son también quienes poseen una comprensión más profunda de las soluciones que éste requiere. Así, cada aparato fabricado no solo cumple una función técnica, sino que encarna una experiencia vivida.

El impacto acumulado —más de 112,193 beneficiarios directos desde su fundación— permite dimensionar el alcance de esta labor, aunque resulta insuficiente para capturar su dimensión más íntima: la posibilidad de que una persona recupere su independencia, su capacidad de desplazarse, de trabajar, de habitar el espacio público sin mediaciones constantes.
Su misión, centrada en brindar asistencia mediante la provisión de aparatos médicos y capacitación para el trabajo, revela una lectura compleja de la inclusión: no basta con facilitar herramientas; es necesario generar condiciones para que esas herramientas se traduzcan en autonomía real. En este sentido, la Fundación no solo atiende necesidades inmediatas, sino que interviene en trayectorias de vida.
El respaldo de aliados estratégicos como Fundación Coca-Cola, Fundación Televisa, Fundación Manpower, KPMG, Ingredion y Montepío Luz Saviñón ha permitido robustecer su capacidad operativa y sostener su crecimiento. No obstante, el núcleo de su fortaleza permanece en la coherencia entre su discurso y su práctica cotidiana.
Ubicada en el Nuevo Parque Industrial de San Juan del Río, en Querétaro, la Fundación mantiene abiertas sus puertas no solo como un espacio de atención, sino como un punto de encuentro entre la necesidad y la posibilidad. En un país donde la inclusión suele quedarse en el terreno discursivo, iniciativas como ésta recuerdan que la dignidad también se fabrica, se aprende y, sobre todo, se comparte.
Hoy, frente a un panorama en el que miles de personas continúan enfrentando barreras físicas, económicas y sociales para ejercer plenamente su derecho a la movilidad, la labor de la Fundación interpela directamente a la sociedad en su conjunto. Sumarse a este esfuerzo no es un gesto accesorio, sino una forma concreta de incidir en la vida de quienes han sido históricamente relegados. Ya sea a través de donativos, alianzas institucionales, difusión de su causa o participación activa en sus programas, cada acción contribuye a ampliar el alcance de un proyecto que transforma realidades desde lo más esencial: la posibilidad de moverse, de decidir, de existir con autonomía.
Acercarse a la Fundación Bertha O. de Osete IAP implica reconocer que la inclusión no es un ideal abstracto, sino una construcción colectiva que exige compromiso sostenido. Porque detrás de cada aparato entregado hay una historia que se reconfigura, una barrera que se desdibuja y una vida que encuentra nuevas formas de avanzar.



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