Redacción Carlos Hernández Huerta
Juventud, Luz y Esperanza IAP cumple 40 años acompañando a niñas, niños y jóvenes en México, brindando apoyo emocional y prevención frente a las adicciones, con un modelo de atención comunitario que impulsa salud, educación y autonomía.
La salud física y emocional es un derecho de todas y todos. Cuando se trata de población vulnerable, especialmente niñas, niños y jóvenes, atender estos temas se vuelve crucial para el futuro de la sociedad. El abuso o dependencia de sustancias psicoactivas es uno de los principales enemigos que amenaza la vida y los sueños de miles de adolescentes.
Con esta problemática a la vista, hace cuatro décadas un grupo de jóvenes, guiados por el sacerdote marista Jean Pujebet, decidió crear una comunidad de vida que más tarde se convertiría en Juventud, Luz y Esperanza IAP (JLE IAP). Su misión: apoyar a personas de escasos recursos que enfrentan problemas de farmacodependencia y conductas de riesgo.
A diferencia de otros espacios, JLE IAP eligió un modelo de atención distinto, pensado como alternativa para quienes no tienen acceso a servicios especializados de salud. Su enfoque está dirigido a casos leves o moderados de consumo, donde la intervención temprana puede marcar la diferencia.
En este modelo, la familia juega un papel fundamental: se convierte en parte activa del proceso de tratamiento, garantizando un cambio real en la vida de los beneficiarios. La población atendida incluye hombres y mujeres de 13 a 29 años en el programa de tratamiento, mientras que en el área de prevención se trabaja con niñas y niños de 6 a 13 años, así como con jóvenes de nivel medio y superior.
Con motivo de sus 40 años de trayectoria, la institución agradeció a aliados, donantes, financiadores, beneficiarios, patronato y colaboradores. Sin su apoyo, alcanzar esta cifra y sostener el acompañamiento habría sido imposible.
Desde la Ciudad de México, Juventud, Luz y Esperanza IAP lanza un llamado a continuar transformando vidas: que cada niño y joven pueda vivir libre de adicciones, con la oportunidad de seguir estudiando y construir un futuro brillante.
Porque la esperanza también se escribe con prevención, acompañamiento y comunidad.



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