La paz fruto de la esperanza

Terminamos el año jubilar rematando los esfuerzos realizados para fortalecer la virtud de la esperanza. Al iniciar un año nuevo hemos de poner medios para disfrutar del aumento logrado en esa virtud y seguirlos mejorando con auténtica fe y optimismo enfocándonos a cultivar la paz. Esta decisión es compleja porque exige una personal decisión en el modo de actuar y lo más difícil es contar con la colaboración de los demás.

León XIV en el mensaje tradicional sobre la paz, al inicio del año, nos dice que San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor.

La tarea no es sólo personal porque se manifiesta en el modo de relacionarnos y en las reacciones que provocamos en los demás. Por eso hemos de enfocar nuestra atención en las circunstancias y en el estado de ánimo de quienes están cerca pues de eso dependerán las respuestas que nos den y no las que esperamos.

Para evitar las reacciones indeseadas el Papa nos abre un horizonte al señalar una decisión prioritaria verdaderamente novedosa: vivir la amistad indisoluble con la paz. Es un hermoso y sugestivo propósito, actitud capaz de mantener un estado de ánimo sólido y positivo ante cualquier experiencia desagradable. Internamente la cultivamos con una estabilidad superior a los sucesos.

Con esta fuerza interior podemos entender la idea de una paz desarmada y desarmante. Desarmada quiere expresar nuestra renuncia a cualquier tipo de circunstancia excepcional que justificaría defendernos. Estar dispuestas a no buscar ningún tipo de argumento, actitud o recurso para defendernos, aunque contemos con esas ayudas.

Dar prioridad al diálogo como el medio más eficaz a todos los niveles, dialogar de frente, comprender los puntos de vista contrarios y confiar en la buena disposición que despierta en los demás no estar a la defensiva ni desear imponer razones. Tampoco evadir la responsabilidad personal delegando las decisiones en las soluciones de la inteligencia artificial o de otro tipo de recursos.

Desarmada también pues, aunque en algunos casos estemos en grupos mayoritarios debido a circunstancias históricas, políticas o sociales precisas, los cristianos, juntos, no se imponen por mayoría. Otros factores importantes son: cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz.

Desarmante porque quien es bondadoso y ama sorprende con esos sentimientos a quienes difieren. Es la recomendación fundamental que propuso y aconsejó el Niño cuyo nacimiento hemos festejado.

El Papa recuerda un consejo de San Agustín «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella». No destruir los puentes ni utilizara el reproche, preferir la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás.

 

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