Juventud, Luz y Esperanza: Rescata estrellas

En un país donde el consumo de drogas se ha convertido en una de las problemáticas más complejas de salud pública y seguridad, hablar de esperanza puede sonar utópico. Sin embargo, desde hace 40 años, en la Ciudad de México existe una institución que ha demostrado que la empatía, la disciplina y la organización pueden transformar vidas: Juventud, Luz y Esperanza IAP (JLE).

Fundada en junio de 1985 por el Padre Marista Jean Pujebet y cuatro jóvenes voluntarios, la organización nació como una comunidad de vida que poco a poco se convirtió en un referente para el tratamiento y la prevención de adicciones. Tres años después, en 1988, se consolidó formalmente como una Institución de Asistencia Privada.

Desde entonces, ha acompañado a miles de personas y familias en situaciones de vulnerabilidad, brindando atención integral, profesional y cercana.

La sede de JLE, ubicada en Lago Ginebra 28, colonia Cuauhtémoc Pensil, en la alcaldía Miguel Hidalgo, no es solo un edificio: es un refugio que simboliza la posibilidad de recuperar lo perdido. Ahí, día tras día, el lema de la institución se hace vida: “Educar es prevenir y prevenir es salvar vidas”.

Prevención con sentido humano

La historia de Juventud, Luz y Esperanza no puede entenderse sin hablar de prevención. La institución ha sido pionera en programas dirigidos a escuelas primarias y secundarias, con el objetivo de evitar que las adicciones encuentren terreno fértil en los más jóvenes.

Estos talleres no solo ofrecen información sobre las drogas y sus consecuencias, sino que también promueven habilidades para la vida: autoconocimiento, resiliencia, comunicación asertiva y toma de decisiones responsables. Se busca que cada estudiante aprenda a reconocer los riesgos y a elegir un camino distinto, libre de consumo y estigmas.

Tratamiento: la recuperación es posible

No menos importante es el trabajo terapéutico. Juventud, Luz y Esperanza ofrece programas de tratamiento individuales, grupales y familiares, entendiendo que la adicción no solo afecta a la persona que consume, sino también a todo su entorno.

El proceso no se limita a la abstinencia; busca la reconstrucción de vínculos, el fortalecimiento emocional y la reintegración social. La organización trabaja con un equipo multidisciplinario que incluye psicólogos, médicos y consejeros capacitados, lo que permite atender la problemática desde varios ángulos.

Los testimonios de éxito son la prueba más clara de su impacto. Ariadna, una de las beneficiarias, comparte con orgullo: “Hoy puedo decir que orgullosamente llevo cinco años de abstinencia. Gracias a ellos, ahora soy la persona que soy”.

Transparencia y compromiso institucional

El trabajo de Juventud, Luz y Esperanza no se sostiene únicamente en la buena voluntad. Su permanencia durante cuatro décadas también es resultado de un manejo profesional y transparente.

La organización forma parte del Movimiento de Acción Social (MAS), lo que garantiza una estructura sólida de gobernanza y rendición de cuentas. Además, ha sido reconocida por su claridad en el manejo de recursos, sus metodologías y sus resultados. Un ejemplo de ello es el Sello de Calificación AAA otorgado por Filantrofilia en 2024.

Voluntariado y comunidad

Otro aspecto que distingue a Juventud, Luz y Esperanza es su capacidad para crear comunidad. A lo largo de los años, el voluntariado ha sido pieza fundamental en su funcionamiento. Jóvenes, profesionales y vecinos de la zona se suman de manera activa, contribuyendo con tiempo, conocimientos y empatía.

Los espacios de convivencia organizados por la institución van más allá de la terapia. Un ejemplo reciente fue la reunión en el Parque Bicentenario, donde colaboradores y beneficiarios compartieron una jornada de actividades recreativas y proyecciones de películas relacionadas con las adicciones. Tras la proyección, se abrió un diálogo guiado por especialistas, lo que permitió procesar las emociones y reforzar la prevención desde una perspectiva colectiva.

Mirando hacia el futuro

El camino recorrido por Juventud, Luz y Esperanza es ya parte de la historia social de la Ciudad de México. Sin embargo, lejos de conformarse con lo alcanzado, la institución se proyecta hacia el futuro con la misión de seguir innovando en prevención y tratamiento.

En un contexto donde las adicciones se diversifican y los retos se vuelven más complejos —desde nuevas sustancias sintéticas hasta problemas asociados como la violencia intrafamiliar—, el papel de organizaciones como JLE resulta más necesario que nunca.

Una luz que sigue brillando

Después de cuatro décadas, Juventud, Luz y Esperanza IAP no solo celebra su historia: reafirma cada día su compromiso con las personas y familias que más lo necesitan. Con cada taller en una escuela, con cada sesión terapéutica, con cada estrella rescatada, la institución demuestra que otra realidad es posible.

Su legado es claro: en un país que aún lucha contra los estragos de las adicciones, existe una organización que apuesta por la prevención, la transparencia y la solidaridad. Una organización que, con paciencia y disciplina, ha hecho de la esperanza una práctica cotidiana.

Juventud, Luz y Esperanza es, en definitiva, el recordatorio de que salvar vidas comienza por creer en ellas.

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